Blog de HaenyPark

[HunHan] Sexy Promises For Christmas

Cuando Luhan recibió el mensaje de su novio, en el cual este le avisaba que llegaría a casa a las diez de la noche, se hallaba en el centro comercial. Paseando entre las tiendas en busca del regalo idóneo. No tenía nada en mente, pero quería sorprender a la persona que más quería, su novio, Sehun.

Se lo había prometido, según él, el año pasado, cuando habían pasado la semana entera de vacaciones cuidando de los hijos de Tao, quien, previamente a marcharse a la playa con su nueva novia y compañera de discográfica Qian, había pasado a dejarlos en la casa de Luhan. Sin ni siquiera avisar primero.

Cuando Sehun había llegado al apartamento de Luhan con el regalo para este, unas botellas de vino, y unas ganas considerables de sexo encima, habíase quedado alucinado cuando su novio había abierto la puerta con un bebé en cada brazo y una niña de cinco años tirándole de la pierna para buscar su atención, gritando <<¡Oppa!>>

-Nada de sexo.-había sido su saludo.

-Nada de sexo.-balbuceó Sehun a modo de respuesta.

Una hora después, cuando sentados en el sofá veían un especial Navidad en una cadena de niños en la televisión y controlaban que Little Chu Min no le metiera el chupete en el ojo a Little Min Min, Luhan se había vuelto hacia Sehun con una disculpa escrita en sus hermosos ojos y susurrado:

-Lo siento, cariño. El año intentaré compensártelo.

Era evidente que lo decía para aplacar el mal humor de su novio, pero este le había tomado la palabra. Y, una semana antes de que llegaran las vacaciones del año siguiente, le había telefoneado al trabajo para recordarle:

-Falta una semana para Navidad.

Luhan dejó a un lado el manuscrito que en aquel momento leía y respondió:

-¿Te crees que no lo sé? ¡Si estoy deseando que lleguen las fiestas! Además, podrías haber esperado a esta noche para sacar el tema.-echó una ojeada alrededor. Al otro lado de la ventanilla de su despacho, Xiumin le observaba con una ceja alzada.-Mi jefe me está mirando. Voy a colgar.

-¡Espera!-exclamó la voz de Sehun al otro lado de la línea.- Te llamo para recordarte tu promesa.

-¿Qué promesa?

-La que me hiciste el año pasado. De que este año intentarías compensarme el fatídico día de Navidad que tuvimos que pasar cuidando de Tiny Chu Chu Qui y Tiny Mon Mon Qui.

Luhan la había olvidado, completamente. Ni siquiera se acordó en aquel momento de haber hecho algo parecido. Pero si Sehun lo decía, sería verdad.

-Podemos hablar de eso esta noche, cariño. Tengo que tener este trabajo leído y corregido antes de Navidad.

Luhan trabajaba en una editorial. Había conseguido ese trabajo prácticamente al instante de haber terminado los estudios gracias al enchufe de un amigo, que era el editor jefe en aquel momento. Había dejado el cargo el año anterior, yendo a ser sustituido inmediatamente por Xiumin, quien desde el primer momento le había cogido ojeriza a Luhan. Y sobre todo a su salario. En su opinión, le costaba demasiado caro. Esperaba la primera excusa para echarle.

Y esta excusa la buscaba mandándole trabajos imposibles a corregir en un tiempo récord, o enviándole a entrar en tratos con escritores insufribles y muy, muy tacaños. Luhan era sabedor de lo mucho que codiciaba Xiumin que su puesto estuviera vacante, y se esforzaba al máximo por impedir que lograse lo que se proponía. Aunque no siempre era fácil.

-¡Solo un minuto!-se oyó la voz de Sehun, impaciente.

Sehun era periodista del The Gazette News y trabajaba en la sección de “noticias”. Su jefa era una mujer joven, enamorada hasta la médula de Sehun. Le pasaba absolutamente todas sus faltas. Y Sehun, a quien la naturaleza había dotado de una notable haraganería, tenía muchas.

Luhan suspiró, derrotado.

-¿Qué se supone que te prometí?

-Me prometiste que este año me sorprenderías el día de Navidad.

-¿Con qué?

-Tú sabrás.-se oyó una risita al otro lado de la línea.-¿Qué tienes pensado?

-¡Absolutamente nada! ¡No recordaba haberte prometido nada!

-Lo hiciste. Luhan…-se sorprendió al oír como la voz de su novio sonaba casi suplicante. Suspiró para sus adentros. Era evidente que para él era importante.

Luhan no creía en la Navidad, consideraba aquellas fiestas como una semana de merecidas vacaciones y punto. De pequeño, también había sido así. Pero para Sehun no. Cuando Sehun era un niño, sus siete hermanos y él solían montar funciones por Navidad para toda la familia.  Iban por las casas pidiendo aguinaldo. Cantaban villancicos durante toda la noche de Navidad. Se vestían de Papá Noeles. Comían roscón con toda la familia. Hacían turrón casero. Celebraban la Navidad de todas las maneras posibles.

Ahora, sus hermanos se habían hecho mayores y casi todos vivían en partes lejanas del país. Su padre había muerto varios años atrás. Existían bastantes dificultades para reunirse todos por Navidad. Pero Luhan sabía de buena tinta que Sehun extrañaba aquellas mega-celebraciones y hacía lo que estaba en su mano para que las pasara lo mejor posible.

-Está bien.-resolvió, llevándose una mano a las sienes para frotárselas en círculos.-veré que puedo hacer.

-¿Lo mantienes, entonces?

¿Qué opción me queda? Habría sido su respuesta. Pero en cambio contestó:

-Lo mantengo. Nos vemos por la noche.- y colgó.

Se apresuró a volver a concentrarse en el en absoluto apasionante pasaje del manuscrito que leía.

  *  *  *

Sehun y Luhan llevaban siendo novios cuatro años. Se habían conocido en una situación bastante peculiar en la cual Sehun había sido enviado a entrevistar a un famoso escritor coreano al mismo tiempo que Luhan había tenido que ir a proponerle un negocio al mismo escritor por orden y mandato del maldito Xiumin.

Se había presentado, sin cita previa, en la casa del conocido escritor Baek Mu-San mientras éste estaba respondiendo a las preguntas de Sehun. Había sido una situación algo incómoda.

-¿Cómo tiene usted pensado continuar con su trayectoria profesional?

Baek Mu-San abrió la boca para responder, pero su respuesta fue atajada por un súbito timbrazo que hizo temblar a Sehun de arriba abajo.

-Llaman a la puerta.-hizo constar el escritor.

Si no fuera porque Sehun estaba moral y profesionalmente obligado a ser respetuoso, casi reverente, con las personas a las que entrevistaba, hubiera dado una respuesta mordaz. Pero se limitó a callar y a esperar a Baek, quien se había levantado para recibir al recién llegado.

Oyó voces en el umbral, y poco después, Baek volvió a la sala de estar con un muchacho a la zaga. Un muchacho de apenas diecinueve o veinte años, con el pelo teñido de rubio, liso y abundante, ojos castaños y rasgos angelicales e inocentes que removieron algo en el interior de Sehun.

Le costó apartar los ojos de aquel ángel, cuyo aspecto lucía atribulado. En cuanto aquel muchacho llegó hasta la mesa ante la cual se hallaban Sehun y su bloc de notas e hizo ademán de ir a instalarse en ella, el periodista se levantó a toda velocidad para cederle la silla.

-No seas tonto, Sehun.-rió el escritor, sentándose frente al plato de pastas que había dispuesto en el centro de la mesa para picar mientras hablaban.- no se cancela la entrevista. Luhan es un agente de mi editorial que ha venido para discutir algo sobre mi contrato.

Luhan miró a Sehun como si se acabase de percatar que estaba ahí. Hizo una inclinación con la cabeza, a modo de saludo.

-Encantado.

Sehun esbozó una amplia sonrisa y correspondió a la reverencia con otra, sin dejar de clavar sus ojos en los del ángel.

-Lo mismo digo.

Se sentaron. Luhan se acercó una silla para sentarse a la mesa también.

-¿Y bien? –inquirió el escritor a Luhan.

-Tengo un mensaje de la editorial.-suspiró el ángel  cruzándose de piernas.-Quieren recibir el borrador terminado de El tiempo humano antes del 30 de Marzo.

-¿El 30 de Marzo?-se asombró el escritor. Estaban a 20 de Febrero e iba por la mitad del libro. No lo tendría a tiempo.

-Lo siento. Son palabras de Xiumin, no mías.-frase típica que debía decir a todos los escritores con los que negociaba con el propósito de que estos no le juzgaran a él como culpable, se suavizaran y aceptaran seguir con el contrato. Incluso Xiumin aceptaba esta práctica.-Quiere que nos pongamos a trabajar rápidamente en la edición para tenerlo listo antes de las vacaciones de verano. Los fans están deseándolo.-segunda frase típica, con menos porcentaje de aciertos que la primera. Algunos escritores caían, y otros lo miraban con suspicacia. Arriesgado.

Sehun se notaba sobrar. Cogió una galleta de jengibre del plato y se recostó sobre su asiento, contemplando de soslayo al ángel, quien se notaba aún más apurado negociando el precio.

-Xiumin está dispuesto a pagar un diez por ciento más por el adelanto de la fecha.

-No es suficiente.-repuso Baek Mu-San.- este adelanto me pone en un aprieto.

Luhan se pasó una mano por la frente. Maldito Xiumin. Odiaba que Luhan soltara demasiado dinero, pero también odiaba que volviera a la editorial sin la firma del autor rubricando lo acordado.

-Un quince por ciento puesto que comprendo su apuro, pero no más. Comprenda usted que el pago de su contrato ya es bastante elevado.

Baek se sabía el escritor más importante de la editorial, por lo que no estaba dispuesto a ceder tan fácilmente.

-Un veinte por ciento.

-Si acepto tal porcentaje, me meteré en un aprieto.-suspiró Luhan.

-Yo puedo estar dispuesto a cancelar el contrato, en cuyo caso usted también se meterá en un aprieto.-conocía los tejemanejes de Xiumin con Luhan.

-No puede hacer eso.-intervino Sehun con la boca llena de galleta.- No puede cancelar el contrato.

Luhan y Baek miraron a Sehun con sorpresa, quien se puso rojo y tragó de golpe. Baek soltó una risita, Luhan esbozó una suave sonrisa.

-Cualquier editorial pagaría por sus libros.-confesó Luhan, volviendo a mirar al escritor.-sin embargo, Changbi Publishers es su editorial de toda la vida y sabe que hacemos el mejor trabajo posible con sus escritos. Lamento tener que adelantar tanto la fecha de entrega, pero no puedo ofrecerle más del quince por ciento. Xiumin me mataría de aceptar más. O peor, me echaría. No sé qué más puedo hacer por usted.

La intervención de Sehun había aligerado el ambiente. Por lo que el señor Baek Mu-San se sintió generoso y suspiró, cogió una galleta del plato y se la tendió a Luhan diciendo:

-Acepto…por hacerle el favor a usted. Un quince por ciento. Tómese esta galleta y saque el documento que he de firmar.

Luhan acogió la galleta con sorpresa y acertó torpemente a sacar el impreso de su maletín.

Una hora más tarde, Luhan y Sehun salían de la casa del escritor, uno con su contrato felizmente firmado y el otro con una entrevista sustanciosa e interesante en su bolsillo. Luhan había sido invitado a presenciar la entrevista y había aceptado con mucho gusto.

Al término de esta, el escritor y Luhan le había pedido encarecidamente a Sehun que no desvelase nada acerca de la conversación que había escuchado entre ellos. Sehun lo había prometido, con una condición para Luhan:

-Que me acerques a mi apartamento en tu coche. Vuestros negocios me han atrasado y he perdido el autobús de las nueve.

Podría haber cogido el de las nueve y media, pero prefería pasar algo más de tiempo en compañía del ángel.

-Vaya, lo siento-se excusó este.- te llevaré con mucho gusto.

Una vez en el coche, Sehun le había indicado el camino de su casa a Luhan por la carretera K-320.

Pasaron todo el trayecto hablando del trabajo del uno, del trabajo del otro, de los problemas profesionales de Luhan, de las anécdotas más interesantes del equipo de trabajo de Sehun. Decir que congeniaron bien sería decir poco.

Tan bien congeniaron que, pese a que Sehun le había dicho a Luhan que tirara por la K-320 (Que era el camino más largo  a su casa), Luhan había cogido una bifurcación que le llevaba aún más lejos de esta. Estuvieron dando vueltas y vueltas hasta que se hizo de noche. Ninguno lo notó hasta que en el reloj del salpicadero dieron las diez y media.

-¡Vaya, que tarde!-exclamó Luhan, perplejo.

-No conozco este sitio.-musitó Sehun, mirando por la ventana.-creo que nos hemos perdido.

Se miraron.

-Será mejor que vengas a mi casa. Está a media hora de aquí.

Evidentemente, Sehun no tuvo nada que objetar y pusieron rumbo presto a la casa de Luhan.

Una vez allí, se encontraron con lo que tal vez hubiera sido un problema.

-Solo tengo una habitación y una cama.-confesó, apenado.- te la dejaré a ti y dormiré en el sofá.

-¡No! Jamás me permitiría el hacerte pasar una noche tan incómoda; después de tu amable ofrecimiento a darme alojamiento esta noche. Además ambos somos hombres, no nos supone ningún problema dormir en la misma cama.-ambos pasaron por alto el detalle de que eran gays, aunque hizo su aparición en sus pensamientos. Pero eso no tenía por qué saberlo el otro.

Se ducharon por turnos. Cenaron. Vieron un capítulo de una serie en la televisión en tal estado de tensión –sexual, romántica, de todos los tipos- que ninguno se enteró de la trama, ni siquiera de qué serie estaban viendo. A las doce fueron al dormitorio de Luhan. Nuevo problema.

-No tengo ningún pijama. Duermo en calzoncillos. Podríamos dormir con ropa…

-¿Dormir con ropa? Es muy incómodo, además, no veo por qué debes alterar tus costumbres por el hecho de que yo esté aquí. Durmamos en calzoncillos, ambos somos hombres.

Se desnudaron y se metieron juntos en la cama. Apagaron las luces. Se cubrieron con la manta.

-Tengo frío.-susurró Luhan.

Lo apropiado en un momento como aquel hubiera sido recomendarle que se pusiera algo de ropa o subiera la calefacción, pero la respuesta de Sehun fue:

-Ven, acércate a mí.

Luhan se arrojó gustoso a los brazos del periodista. En cuanto sus cuerpos se pusieron en contacto,  ambos se sintieron arder, tanto física como emocionalmente.

-Qué incómodo es esto.-el agente literario soltó una risita y se removió encima del cuerpo de Sehun. De pronto, las erecciones de ambos chocaron y de sus gargantas salió un gemido a dúo.

-…Estás erecto.-jadeó Luhan.

-Y tú.

Acabaron follando.

  *  *  *

Cuatro años más tarde, víspera de Nochebuena, Luhan paseaba por el centro comercial buscando algo con que sorprender a su exigente novio. En la bolsa llevaba una triste botella del champán favorito de Sehun y una tira de bombillas de luces de colores para decorar el árbol de su casa (en el momento presente, ambos vivían juntos en la casa de Sehun. La de Luhan la habían vendido dos años atrás y con el dinero se habían ido de vacaciones una semana a México. No les daba para más).

Para inspirarse, Luhan se hacía listas mentales con todo lo que le gustaba a Sehun.

1-La música country española de los cincuenta

2-Los taxistas nocturnos

3-Las películas de Kirk Douglas

4-Los buzones de correos verdes

5-Los canapés con salsas exóticas y no adquiribles en sitios tan rurales como Seúl

6-Los colores incarnadino y piombino (de existencia comprobada)

7-Los fanfics de Haeny Park

8-Los animes que tratan sobre muchachos convertidos en elefantes (de existencia no comprobada)

Nada de todo esto le daba una idea. Por lo que siguió pensando. Media hora después, se dio cuenta de que había omitido algo en su lista. ¡Algo muy importante! ¿Qué era lo que más le gustaba a Sehun? El sexo.

Sehun no tenía ninguna adicción a las drogas, el alcohol o el tabaco, ni la había tenido nunca. Pero, refiriéndose a él, sí se podría hablar de tener adicción al sexo. Creía en la monogamia y jamás le había sido infiel a Luhan, pero tenía el trasero de éste reventado. Hasta que había empezado a salir con Sehun, Luhan jamás había sido consciente de la cantidad de posturas en las que se puede follar o en la cantidad de sitios donde puede hacerse. Con Sehun había aprendido que todos los momentos del día son idóneos para el sexo, todas las condiciones y todas las situaciones, incluso que cualquier cosa podía emplearse como juguete sexual.

Admitía que, en un principio, las perversiones de su novio le asustaron e incluso llegó a replantearse su relación con él. Pero, el amor hizo su aparición y evitó la inminente ruptura en el último momento.

Tras esto, Luhan se había hecho a la forma de ser de Sehun. Y, tras cuatro años de experiencias sexuales peculiares, había empezado a seguirle el paso a su novio. Le había empezado a gustar su forma de ser en la cama, única, cariñosa, atenta, sin dejar de ser él en ningún momento. Nada de transformarse en un hombre más sexy, ni pretender sorprenderle. Nada de parecer simular ser los actores de una película porno. Siempre Luhan y Sehun, juntos en la cama, con sus errores y cualidades innatas. Nada añadido ni restado.

A la mierda, le sorprendería con algo de eso.

Pasó por una sección nueva, puesta a causa de la ocasión, donde se vendían cosas navideñas. Compró un disfraz de papá Noel (No de los de mujer, sexy y transparente, sino uno perfectamente normal, de hombre) (Barba incluida), pagó y lo metió en la bolsa.

Dio un par de vueltas más por el establecimiento. En cuanto su reloj que llevaba a la muñeca dio las nueve, salió disparado dirección garaje, para recoger el coche e irse a toda velocidad a su casa. Debía darse prisa, si quería que todo estuviera listo cuando Sehun llegara.

  *  *  *

Llegó a casa a las nueve y cuarto.

Se duchó.

Se peinó el pelo hacia un lado, como sabía que a Sehun le gustaba.

Se puso el disfraz de Papá Noel.

Apartó todo el desorden que reinaba en el cuarto que compartía con Sehun. (Esta tarea le llevó el doble que todas las anteriores juntas. Echa cuentas)

Colocó la tira de bombillitas de navidad alrededor de la cama.

Colocó la botella de champán sobre la mesilla de noche.

Se sentó a esperar a Sehun.

Esperó a Sehun.

Deseó que Sehun llegara pronto.

Sehun llegó a las diez y cinco. Venía de cubrir una noticia en un centro comercial de Busan, donde al parecer el regalo más buscado se había acabado y se esperaba una carga que llegaría por helicóptero para abastecer a un montón de madres preocupadas, que ofrecían el doble del precio inicial si con eso conseguían tener a la muñeca Tiffany antes del día de Navidad.

Sehun venía cansado, como es evidente, después de haber estado en una aglomeración de mujeres de cuarenta tacos desesperadas. Luhan era consciente de lo atormentado que es estar en esas situaciones intentando lograr algo que convertir en una prosa amena. Pero Sehun venía muy ilusionado pese a todo, deseando conocer la sorpresa que Luhan iba a darle.

La primera sorpresa fue cuando éste le abrió la puerta vestido de papá Noel.

-¡Hola cariño!

-¿Lu…Luhannie…? Apenas te reconocía con la barba.

-¿Has cenado?

Se apartó del marco de la puerta para dejarle pasar. Sehun entró en la casa, tiró literalmente la mochila al sillón de la sala de estar y cerró la puerta con el pie.

-He cenado un sándwich de paté asqueroso en el camino de vuelta desde Busan-vivían en Seúl.- Pero no tengo hambre, si es eso lo que querías saber.

-Perfecto. Así podré enseñarte cuanto antes mi sorpresa.

Le agarró de la muñeca y le arrastró literalmente hacia su dormitorio, que estaba en al fondo del pasillo.

Agarró el picaporte y abrió la puerta con gran dramatismo.

-¡Ta-chán!-exclamó, en lo que dejaba a Sehun entrar en la estancia.

Sehun se quedó alucinado en cuanto vio la estancia completamente ordenada –fue lo primero que le llamó la atención- y la cama decorada con aquella banda de luces. Luhan había tenido el detalle de enchufarla a la corriente antes de que Sehun llegara a casa, por lo que la cama se iluminaba ahora en tonos que pasaban regularmente del verde al azul, del azul al amarillo y del amarillo a un tono rojo que perfectamente habría podido pasar por un tono incarnadino algo más oscuro.

-¿Qué es esto?-preguntó con la voz trémula, sin duda alguna por la emoción.

-La mejor noche de sexo de tu vida.-y agarró a Sehun de los hombros para pegarlo a él. Torpemente, chocó sus labios con los de él, haciendo que ambos se estremecieran por el deseado contacto.

-Vamos.-susurró Sehun cuando se separaron.

Tomó de la mano a Luhan y le llevó hasta la cama. Lo tumbó con delicadeza sobre esta, yendo a posicionarse él a horcajadas sobre su novio. Llevó las manos al abrigo de papá Noel para quitárselo y rió.

-Voy a sentirme raro follándome a un papá Noel.

Luhan rió y llevó las manos a su pecho para ayudar a su novio en la tarea de desvestirle. Una vez la nívea piel de Luhan estuvo expuesta para su novio, este se inclinó hacia ella y comenzó a besarle el cuello, casi con desespero. Luhan comenzó a estremecerse y a retorcerse bajo él, comenzando a sentir las primeras oleadas de satisfacción por el experto contacto de la boca de Sehun.

En medio de estas sensaciones, alzó los brazos para agarrar la cazadora de Sehun y quitársela tan rápido como le era posible, dada su situación. Luego le quitó el jersey en un estado de impaciencia y luego la camiseta en uno de pura frustración. ¿De veras tenía que llevar tanta ropa?

Una vez tuvo a su novio de cintura para arriba desnudo para él, llevó ambas manos a su pecho y lo acarició. Delineó con el dedo índice los trabajados músculos de Sehun en sentido ascendente, deteniéndose en sus pectorales. Conocía los puntos sensibles del periodista a la perfección. Se llevó el dedo a los labios, lo mojó en su saliva, y lo paseó después alrededor de los pezones del joven, endureciéndolos. Este soltó un quedo gemido y frotó inconscientemente su erguida entrepierna contra el muslo de Luhan.

Luhan continuó jugando con sus pezones durante unos momentos, retorciéndolos, tirando de ellos, endureciéndolos y sensibilizándolos más y más. Era algo que le gustaba hacer porque conocía la frustración que esto le provocaba a Sehun; por algún motivo él no soportaba tener zonas tan placenteramente sensibles en su cuerpo. Era algo infantil en él, curioso dado que Sehun podía ser de todo salvo infantil. En lo que al sexo se refiere, por supuesto. En todo lo demás, seguía siendo tan infantil como lo había sido siempre y como probablemente siempre sería. Por eso Luhan le amaba tanto.

Sehun perdió la paciencia y agarró las manos de Luhan, apartándolas de su pecho. Las colocó sobre la tira de luces que había sobre la almohada y allí las retuvo con una sola mano, mientras que la otra agarró la botella de champán que descansaba sobre la mesilla de noche.

-Veo que has comprado mi marca favorita.- Perrier-Jouët.- Qué detalle.

Descorchó la botella con una sola mano. Era una habilidad que se adquiría con el tiempo, según solía decir. En aquel momento no le dio importancia.

Agarró la botella y vertió parte de su contenido rosado sobre el blanco torso de Luhan. Este se revolvió bajo su cuerpo al notar el frío líquido sobre su piel. ¡Maldita costumbre de Sehun de convertir todo lo que tocaba en un juguete sexual! Su plan había sido un polvo intensivo tipo convencional, o lo más convencional que se pudiera, y luego tomarse una copa de champagne. Pero Sehun tenía otros planes.

Tal vez se tomaría la copa de champagne durante el polvo.

Acto seguido se lanzó a beber el rico líquido del pecho de Luhan, al que no soltó las manos. Le notó revolverse bajo su cuerpo, gemir y jadear al notar aquella lengua rosada pasearse por su mojada piel, de un modo tan delirante que le hacía perder la cordura, hacer que su cabeza girase a cien por hora lejos de allí.

Por su parte, Sehun también deliraba aunque de un modo más cuerdo y consciente que Luhan. Siempre le había gustado el champán, en especial esa marca…pero tomarlo de la piel de su ángel…era inigualable. Sentía el burbujeante sabor de la bebida mezclada con la dulce piel de Luhan…delicioso, simplemente delicioso.

Vertió algo más sobre el abdomen de Luhan y se lanzó al ataque.

-No, Sehun…ahhhmmm…joder…-gemía Luhan como loco al sentir que Sehun le bajaba la cinturilla de los pantalones de papá Noel y el líquido, seguido de la lengua de su novio, recorría sus vello pélvico y aquella piel tan sensible.

Sehun, ajeno a los gemidos de su novio, aunque disfrutaba de escuchar cada uno de ellos, le quitó de un seco tirón los pantalones a Luhan. Y, acto seguido, los calzoncillos. Lo dejó completamente desnudo; con la excepción del gorrito de papá Noel, que seguía adornando su cabeza. Le gustaba como le quedaba a su ángel, lo hacía tan lindo…

Volvió a girar la botella de champán, para derramarlo…ahí, sobre el miembro ya erecto de Luhan. Este gritó e hizo esfuerzos para encogerse, en un placentero espasmo, pero al tener a Sehun sobre él esto le fue imposible.

-Tranquilo, Luhannie.-rió Sehun.

-Suéltame, joder.-decía este, sudoroso y con el rostro contraído en una mueca de placer.

Sehun echó algo más de champán sobre las zonas íntimas de Luhan antes de soltarle las manos para meterse su miembro entero y mojado en la boca.

Escuchó el gemido desgarrador de su ángel y notó como este arqueaba la espalda hasta levantarla del colchón. Sonrió-para sus adentros, pues tenía la boca ocupada en otra cosa- le en cantaba ver como hacía disfrutar a Luhan.  No lo cambiaría por nada.

Envolvió el miembro de Luhan con su lengua y comenzó a lamerlo de arriba abajo, duramente, sin tregua. Su boca se hallaba llena del sabor de Luhan, mezclado con el del champán y con el del pre-semen que comenzaba a salir del orificio del miembro de Luhan. Era delicioso, lo más delicioso que hubiera probado jamás.

Se sacó el miembro de la boca y propinó un par de lametazos a los testículos de Luhan. Chupó la intersección que había entre estos.

Entretanto, Luhan agarraba con fuerza las sábanas de la cama y las retorcía entre sus puños. Lágrimas de placer resbalaban por sus pómulos. La lengua de Sehun era tan placentera que casi le dolía. Tenía el cerebro embotado, las sensaciones estimuladas al máximo, y todo su cuerpo en espera de la próxima oleada de placer que Sehun fuera a causarle.

-Sehun.-jadeó cuando notó aquella lengua en sus testículos. Sintió como si su abdomen fuera a estallarle a causa de las punzadas que sentía en este, que crecían en intensidad. Se ahogaba entre tanto placer.-Sehun, no puedo más…me corro.

-¡No!-exclamó Sehun apartándose inmediatamente de los genitales de Luhan. ¡Ni loco acabaría allí esa sesión de sexo!-¡Espera!

Se incorporó y volvió a sentarse sobre la pelvis de Luhan. Este jadeó y le miró con los ojos brillantes, enrojecidos y húmedos por el placer.

-¿Quieres seguir?-preguntó Sehun, siempre lo preguntaba.

Y siempre obtenía la misma respuesta, pero le parecía respetuoso hacerlo. Les daba intimidad y confianza.

-Sí.

-¿Quién da ahora, tú o yo?

Sehun y Luhan no eran fudanshis, ni siquiera otakus (salvo Sehun, que lo era parcialmente al ser adicto a los animes que trataran sobre muchachos convertidos en elefantes). No sabían lo que era un uke, ni un seme, ni les parecía que hubiera una gran diferencia entre dar y recibir. Algunas veces daba Sehun, otras daba Luhan, algunas veces que estaban inspirados, deseosos y tenían tiempo, daban los dos por turno.

Por regla general, Luhan prefería recibir y Sehun prefería dar, pero bastante a menudo cambiaban posiciones. No le daban importancia.

-Tú.-respondió Luhan.

Sehun se incorporó y Luhan se dio la vuelta sobre la cama. Se puso de rodillas y agarró el iluminado cabecero de la cama. Se separó de piernas, dejando sitio a Sehun para meterse y prepararlo.

Vio por encima del hombro como Sehun, tras desnudarse de cintura para abajo,  volvía a agarrar la maldita botella de champán.

-No, Sehun, ni se te ocurra…

Demasiado tarde. Aquel líquido que tanto agradaba a Sehun volvía a deslizarse por su cuerpo, esta vez entre sus nalgas.

-Maldito…-gimió.

Sehun se tumbó entre las piernas de Luhan. Agarró ambas nalgas del pequeño y las separó para exponer aquel atributo de Luhan, su anillo de músculos apretado y, en aquel momento, mojado. Metió la lengua en él.

-¡Se…Sehun!

Todo el cuerpo de Luhan comenzó a temblar espasmódicamente. Sentía la lengua de Sehun en su interior, lamiéndole, abarcándole e hidratándole. Intentando llegar más adentro. La sensación era tan incómoda como placentera, en resumen algo inaguantable en ambos sentidos.

-Ahhm, Se…Sehun…Sehun…-gemía Luhan, sacudiendo el trasero.

De repente, notó algo duro metiéndose en su interior. No le hirió, pero la sorpresa le produjo escalofríos.

Sehun estaba aprovechando la estimulación anal a la que sometía a su ángel para prepararle. Tras comprobar que el primer dedo salía y entraba con facilidad, metió un segundo.

-Estoy que ardo.-confesó contra el trasero del pequeño. Exhaló un largo suspiro, que llegó a lo más hondo de Luhan. De manera literal.

-Yo también. Date prisa, fóllame ya. Estoy listo.

Sehun le tomó la palabra y sacó los dos dedos del interior del pequeño. Le agarró por las caderas y se situó tras él. Posó su miembro sobre la entrada del pequeño y se echó delante y atrás varias veces, sin llegar a penetrarle pero para comprobar si el ángulo estaba pillado bien y no le heriría al empalarle.

-¿Listo?-inquirió.

-Me muero, hazlo rápido.

Sehun rió por el dramatismo de su novio. Echó las caderas atrás y de nuevo hacia delante, empalando a su ángel hasta el fondo. El grito de este fue desgarrador. Sehun se sintió derretirse tras el primer impacto. Le ardía el miembro, apretado por las paredes del recto de Luhan. Notaba cada palpitación sanguínea del pequeño presionando y aflojando su miembro. Era lo más placentero que hubiera sentido jamás.

Luhan se sentía penetrado a fondo, donde notaba el miembro de Sehun clavándose en un punto que lo hacía chillar, perder la cordura, marearse, gemir y gritar como una perra en celo, no existía símil más apropiado.

Sehun le penetró, adentro y a fuera, una y otra vez, llegando más hondo y más hondo de Luhan a cada vez. Ambos se habían perdido, unidos y juntos, en un torbellino de placer y de sexo. Giraban, gemían, se ahogaban y asfixiaban. De cariño por el otro, de placer, de felicidad. Todas estas emociones alcanzaron un punto culmen de repente, en el cual se sintieron estallar.

-Ahhh…Sehun…me corro…

-Yo…yo también…Luhan…

Se corrieron juntos, a la vez. Sehun agarraba al menor por las caderas, y él se agarraba al cabecero de la cama como quien se aferra a una tabla de salvación. Alcanzaron el orgasmo, que fue brutal, de tan intenso. Sehun se dejó caer sobre la luminosa cama y cogió a Luhan para tumbarlo sobre él.

El gorrito de papá Noel se deslizó a un lado sobre la cama. Los dos se miraron, sudorosos y muy, muy felices.

-Te quiero.-susurró, como solía hacer después de cada coito, Luhan.

Era una costumbre tierna, algo pastelosa, pero que a ambos les gustaba mantener.

-Yo también te quiero, ángel.

-¿He cumplido la promesa que según tú hice?-inquirió, súbitamente divertido, el agente literario.

-La has cumplido con creces, mi ángel…


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